En este engranaje, el ingeniero de alimentos cumple un papel fundamental, debido a que en su formación científica, idoneidad y ética profesional, se fundamentan las bases de cualquier programa que tenga como objetivo garantizar la inocuidad de los alimentos y la calidad de las materias primas, los procesos, las máquinas, los sistemas, y el personal que se encarga de conjugar estos elementos y ponerlos al servicio del consumidor.
El profesional en alimentos está en capacidad de estructurar un sistema integral de gestión de la calidad, ponerlo en marcha y mantenerlo actualizado, acorde a la evolución del medio, las leyes y normas relacionadas y los avances tecnológicos disponibles. Por ello es necesario que mantenga una constante comunicación con las instituciones encargadas de velar por la calidad, con los proveedores de equipos y materias primas, con otras empresas del sector y con las entidades que ofrecen capacitación y asesoría.
La calidad, un derecho inherente del consumidor y una obligación ineludible de los productores y comercializadores de bienes y servicios, debe ser el pilar fundamental de toda compañía y estar incluida como parte de los principios empresariales. En este caso, está en manos de los profesionales del sector alimenticio, que la calidad no sea solo teoría, sino una realidad palpable y permanente
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